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Impulso emprendedor en Chile

Por Hernán Cheyre:

De acuerdo a las cifras del GEM que elabora la Universidad del Desarrollo (UDD), Chile sigue siendo uno de los países con mayor tasa de emprendimiento en el mundo, y a la vez uno de los países en que más crece la actividad emprendedora. Para aprovechar y potenciar esta posición es fundamental crear condiciones que faciliten el ingreso de nuevos actores a los mercados, eliminar trabas y disponer de un marco tributario y laboral que no desincentive el emprendimiento innovador. Sólo así este impulso se convertirá en mayor productividad.

El indicador “Actividad Emprendedora en Etapas Iniciales” calculado por el GEM(TEA, por su sigla en inglés), que mide la proporción de la población entre 18 y 64 años que está involucrada en iniciativas de este tipo, muestra que la tasa de emprendimiento en Chile alcanzó un 26,8% el año 2014, la más alta entre los países miembros de la OCDE, que registra un promedio de sólo 8,9%. Pero lo interesante de destacar no es solo el nivel alcanzado, sino que también la evolución que ha tenido este indicador: de un 15,7% en 2002 bajó a 9,2% el 2006, luego se recuperó a un 14,8% en 2009, y a contar de ese período comenzó a expandirse en forma significativa, llegando a 26,8% el año pasado.

El hecho de que el TEA presente un nivel más alto o más bajo, considerado en forma aislada, no entrega mucha información respecto de si las condiciones para emprender son mejores o peores en un país. Por ejemplo, nadie pondría en duda el favorable entorno que hay en Estados Unidos para el emprendimiento, y a pesar de ello el TEA en el país del norte fue de 13,8% el año 2014. Lo que ocurre en la economía norteamericana es que el grado de desarrollo de las empresas, su productividad, y, por ende, los salarios que pagan, son lo suficientemente atractivos como para que quienes desean optar por el camino propio sean una proporción más baja de los que están en la etapa laboral activa.

Un antecedente complementario interesante de conocer se refiere a la proporción de los emprendedores en etapas tempranas que eligen este camino por necesidad o lo hacen buscando una atractiva opción de negocio. Las cifras del año 2014 para Chile indican que quienes lo hacen por necesidad son solo un 17,6% del total, debiendo destacarse que este indicador llegó a superar el 30% hace seis años. Hay, pues, una evolución positiva en este sentido, lo cual da cuenta del potencial existente para que los nuevos emprendedores incursionen en iniciativas que pueden tener mayor impacto en la generación de mayor productividad para la economía. Países como Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador, registraron el año 2014 un índice de emprendimiento por necesidad que se ubica en el entorno de 30%, como lo era Chile hace un sexenio. En contraste, en Perú y Uruguay este índice llega a 16,4% y 16%, respectivamente, bastante parecido a lo que es Chile hoy día.

En un cuadro económico local caracterizado por una ralentización de los niveles de actividad global, y en el que predomina un alto grado de incertidumbre, con sesgo pesimista, llama positivamente la atención que la actividad emprendedora continúe al alza. Esto es un claro reflejo de que los chilenos valoran positivamente la posibilidad de emprender, teniendo una percepción más auspiciosa del futuro cuando éste se asocia a iniciativas que dependen más de ellos mismos que de lo que puedan hacer terceros. Si a esto se agrega que el 45,6% de los emprendedores en etapas iniciales encuestados en el GEM Chile 2014, manifiestan que esperan contratar entre uno y cinco trabajadores en el próximo quinquenio, y tomando en cuenta que son las nuevas empresas las que más empleos adicionales generan en una economía, resulta obvio que se está frente a una veta que hay que fortalecer y no debilitar. Y mirando más allá de la coyuntura, donde el principal desafío que enfrenta la economía chilena para recuperar la senda de un mayor crecimiento que sea sostenible en el tiempo es la necesidad de mejorar la productividad, el camino que se debe seguir es el mismo ya descrito, con el agregado de que se debe a la vez crear condiciones que permitan que estos nuevos emprendimientos –así como las empresas de menor tamaño en general- puedan ir creciendo en el tiempo. Esto, por cuanto es principalmente la expansión de los emprendimientos en el tiempo la que permite generar mayores ganancias en productividad. Es decir, la política pública debe preocuparse no solo de que se creen nuevas empresas, sino que también debe crear condiciones para que éstas puedan irse fortaleciendo y expandiéndose.

Desde una perspectiva más amplia, mejorar el “ecosistema emprendedor” centrándose en la entrega de un mayor volumen de recursos para apoyar la actividad emprendedora, en mejorar y focalizar mejor los programas públicos orientados a este propósito, puede ayudar a avanzar en la dirección requerida pero claramente no será suficiente. Pero más importante que lo anterior es apoyar el emprendimiento creando condiciones que faciliten el ingreso de nuevos actores en los distintos mercados –mayor competencia, en definitiva-, eliminar trabas y trámites exigidos para iniciar un nuevo proyecto, y en general la adopción de todo tipo de medidas que apunten a facilitarle la vida a los emprendedores –lo cual a fin de cuentas los hace más competitivos-, y preocuparse de que la estructura tributaria y legislación laboral no ahoguen la capacidad emprendedora de los chilenos, son todos factores clave en la actual coyuntura para recuperar expectativas y poder lograr un giro en la tendencia de la actividad económica global, así como para poder alcanzar y mantener en el tiempo tasas de crecimiento económico más elevadas.