La reforma laboral pendiente

Por Hernán Cheyre:

Las múltiples voces que advirtieron sobre los efectos nocivos que tendrá una reforma laboral como la que se está tramitando no fueron escuchadas. La lógica de la confrontación, propia de la revolución industrial, se ha impuesto sobre la lógica de la colaboración, propia de la revolución del conocimiento. Ha sido todo lo contrario a lo requerido para impulsar la inversión, la creación de nuevos puestos de trabajo y para mejorar la productividad, de la mano del emprendimiento y la innovación. La reforma laboral que el país realmente necesita ha quedado pendiente, siendo el principal desafío la búsqueda de fórmulas para una mayor participación de las mujeres y de los más jóvenes en la economía activa. La flexibilidad de las jornadas, la facilitación del trabajo a distancia y una mejor capacitación, deben ocupar un lugar importante en la agenda futura. Con la reforma que se está aprobando, la capacidad de crecimiento de la economía se verá negativamente afectada.

Hay bastante consenso en la discusión pública en cuanto a la necesidad de que una mayor proporción de la población se integre a la fuerza de trabajo. Un mayor uso del recurso humano disponible en el país es fundamental no solo como fuente de crecimiento económico, sino que también como herramienta para superar la pobreza. La situación de Chile en esta materia es objetivamente más precaria que lo que se observa en otros países. Si nos comparamos con los países de la OECD, las estadísticas disponibles para el año 2014 muestran que mientras en los países miembros de esta organización la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo alcanza un promedio de 62,8%, en el caso de Chile esta es de sólo 52,7%, con un registro histórico que ha estado bastante por debajo de esta cifra. Y en el caso de los jóvenes (15-24 años), la tasa de participación promedio en los países de la OECD alcanza a 47,2% y en Chile la proporción es de solo 36%. Resulta evidente, pues, que nuestro país está desaprovechando un gran potencial de crecimiento, al subutilizar a una parte importante de su valioso recurso humano.

Pero, como se dijo, lo anterior también tiene impacto sobre la capacidad del país para superar la pobreza. De hecho, lo que indican los datos de la encuesta Casen es que la tasa de participación de las mujeres del primer quintil de ingresos es menos de la mitad de lo que se observa en el quintil de más altos ingresos, y en lo que respecta a los jóvenes, la diferencia es también significativa.

Y en cuanto a flexibilidad, lo que requieren los emprendedores del siglo XXI es poder desarrollar sus ideas de negocio en un ambiente que les presente la menor cantidad de trabas posible. Para ello, un elemento fundamental es que sea muy fácil constituir una empresa, así como también lo debe ser el poder poner término a un negocio que no funcionó con la mayor celeridad posible y de una manera poco traumática. La legislación que permite crear empresas en un día y la nueva ley de insolvencia y reemprendimiento, promulgadas durante el gobierno anterior, constituyeron un avance muy importante en la dirección requerida. Pero el tema va mucho más allá de esto, y trasciende también la eliminación de trabas para conseguir los permisos de operación, cuando hay regulaciones sectoriales que así lo exigen. Para que los emprendedores puedan desplegar todo su talento es de vital importancia que puedan conseguir el recurso humano requerido con facilidad, en un marco regulatorio que les permita operar en forma flexible. Jornadas laborales parcializadas durante la semana, con horarios que rompen los estándares tradicionales, que les permita compatibilizar con los estudios o con otras actividades, y operar con contrapartes ubicadas en múltiples lugares del mundo. En este contexto, el teletrabajo –o, trabajo a distancia- está adquiriendo una progresiva importancia en el mundo moderno, pero no hay en Chile una regulación adecuada en la cual se pueda enmarcar esta modalidad. El gobierno anterior dejó presentado un proyecto de ley sobre la materia, pero lamentablemente la actual administración no le dado ninguna prioridad a su tramitación.

Iniciativas que faciliten el teletrabajo y otras que permitan a las personas poder desarrollar actividades remuneradas en un marco más flexible son fundamentales para impulsar una mayor participación en la fuerza de trabajo de las mujeres y de los más jóvenes. Y para que la calidad de los trabajos sea mejor se debe buscar una mayor productividad, para lo cual una capacitación permanente de la fuerza laboral, que les permita ir adaptándose a las necesidades de una economía cada vez más digital, es también un requisito fundamental. Avanzar en esta dirección es la reforma laboral que se requiere para el siglo XXI. A fin de cuentas, se debe crear conciencia de que la dinamización del emprendimiento es la más potente herramienta disponible para facilitar la creación de empleos, toda vez que son las nuevas empresas las principales generadoras de nuevos puestos de trabajo.

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