Una mirada positiva

Hernán Cheyre V.
Instituto de Emprendimiento
U. del Desarrollo

Cuando se miran los principales indicadores de la economía chilena, el panorama que se perfila genera justificada preocupación. Son cifras que están dando cuenta ya no de un “tropezón”, sino que de una tendencia que nos tiene empantanados. Lo que más preocupa no es solo que la economía esté creciendo por debajo de su potencial y creando pocos empleos, sino que especialmente alarmante es que este potencial se esté deteriorando. Y aunque las causas de esta situación son de sobra conocidas, no se advierte voluntad de cambio en el rumbo de navegación. Esto es una mala noticia. La buena noticia es que la patología que está padeciendo la economía chilena tiene cura, y que en forma creciente se está creando conciencia del problema en todos los niveles. El cambio político que se avecina es una excelente oportunidad para debatir y generar propuestas que permitan legitimar la acción de los distintos actores de la sociedad civil y del Estado, abriendo así nuevamente las puertas para que el potencial de los emprendedores nos saque del pantano.

Las cifras del reciente IpoM publicado por el Banco Central son elocuentes. Una vez más se han debido ajustar a la baja las proyecciones de crecimiento del PIB para el año, ubicándose en esta oportunidad en el rango entre 1 y 2 por ciento. Particularmente preocupante es la tendencia de la formación bruta de capital fijo, que luego de tres años consecutivos de caída, este período apenas subiría 0,2%, bajándose también su proyección en esta versión del IpoM (0,7% se estimaba en diciembre).

Y en lo que respecta al crecimiento potencial, cada vez hay mayor consenso en cuanto a que hoy su nivel es bastante inferior al casi 5% que se estimaba cinco años atrás, ubicándose actualmente en torno a 3%. Esta es una consecuencia evidente de la caída en la inversión y del estancamiento en materia de ganancias de productividad que viene expermientando la economía chilena en los últimos años.

Lo importante es que estamos aún a tiempo de cambiar esta tendencia, y dado que el actual Gobierno no ha manifestado voluntad de enmendar el rumbo, los tiempos políticos que se avecinan son una buena oportunidad para introducir los cambios necesarios, y así poder retomar la marcha. Los problemas que ya evidencian las recientes macro reformas que impulsó la actual administración paulatinamente están generando mayor conciencia en los distintos sectores acerca de la conveniencia de introducir correcciones, no con la lógica de la retroexcavadora, pero sí enmendando errores de diseño que no están siendo consistentes con el objetivo último buscado por quienes las propusieron.

Corregir las distorsiones que se han incubado y acumulado en estos años será un primer paso importante, que los mercados procesarían positivamente. Sin embargo, el tema de fondo va mucho más allá de enmendar deficiencias puntuales. Considerando el importante rol que juegan las percepciones y las expectativas en los sistemas económicos en los que los agentes privados son el motor de la actividad, no basta con introducir cambios en un determinado conjunto de parámetros técnicos. Lo que se requiere es la generación de un ambiente propicio para que el potencial de los emprendedores, inversionistas y trabajadores pueda desplegarse en plenitud. Recuperar las confianzas a través del diálogo entre los distintos sectores, buscando puntos básicos de consenso, que permitan legitimar los puntos de vista de todas las partes, es algo muy necesario. Este solo cambio de actitud ayudaría a despertar los “espíritus animales” hoy dormidos, pudiendo constituirse en un poderoso punto de partida para retomar la ruta del crecimiento.

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