Analfabetos financieros

Por Matías Lira (@mlira1)

Hace pocos días se publicaron los resultados de la prueba PISA en educación financiera que por primera vez midió a los estudiantes chilenos de 15 años. En el estudio nuestros jóvenes obtuvieron 432 puntos, cifra que se encuentra por debajo de la media de los países OCDE (486 puntos), pero por sobre Perú y Brasil. Otro dato revelador es que el 38% se encuentra en el nivel de desempeño más bajo, es decir, que evalúa la capacidad de reconocer la diferencia entre necesidades y deseos, tomar decisiones simples sobre el gasto diario y saber para qué sirve una boleta o factura. Mientras que sólo el 3% se ubicó en el nivel más alto.

Parte del problema de nuestro deficiente rendimiento tiene que ver con que en los colegios no se enseñan algunos de los conceptos y habilidades de alfabetización financiera que mide esta prueba, como, por ejemplo, qué es y cómo se elabora un presupuesto, cuáles son los beneficios de ahorrar, qué son los impuestos o cuál es el “beneficio de planificar la jubilación desde una edad temprana y la importancia de tener reservas para amortiguar crisis financieras”.

Pero la mala educación financiera de nuestros jóvenes no sólo es culpa de las omisiones del currículo escolar, sino también de la ignorancia general de los adultos en esta materia. En efecto, según el último informe de educación financiera de la SBIF, a pesar de que 98% de la población de 15 años o más posee algún producto financiero, la mayoría no entiende conceptos como inflación, diversificación de riesgos y tasa de interés compuesta, lo que en el contexto de los países OCDE nos califica como analfabetos financieros.

Y así como la ignorancia en las ciencias nos hace presa fácil de las supersticiones, la falta de educación financiera nos expone al riesgo de creer en falsas promesas de suculentas rentabilidades a corto plazo, a no prever los efectos del sobreendeudamiento o la morosidad, a tomar malas decisiones económicas y a desconfiar del sistema financiero en general. Lamentablemente, algunas de estas consecuencias ya son realidad, como lo reveló un estudio de nuestra Facultad de Economía y Negocios basado en los datos de la última Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central.

Es así como un tercio de las familias chilenas con deudas no hipotecarias destina 30% o más de sus ingresos mensuales para pagar deudas de consumo e intereses. El 49% de los deudores en riesgo financiero pertenece a hogares de los deciles uno a cinco, es decir, los más vulnerables y sólo 26% de los hogares señala haber ahorrado los últimos 12 meses.

Nuestro analfabetismo financiero también se refleja en materia previsional. De acuerdo con una encuesta Cadem, 48% de los chilenos cree que sus ahorros previsionales son de propiedad de las AFP y no de ellos. Mientras que 42% no sabe cuánto dinero tiene ahorrado para su vejez. La misma encuesta señala que 71% se muestra “nada o poco satisfecho” con el manejo que hace la AFP con sus ahorros.

Aunque existen diversas iniciativas tanto del sector público como privado tendientes a promover la educación financiera entre los chilenos, aún nos queda mucho por avanzar. Falta una estrategia nacional que junto con incluir una reforma curricular a la educación escolar, tal como lo recomienda la OCDE, focalice especialmente sus esfuerzos en educar a jóvenes y adultos mayores, los grupos con mayores niveles de endeudamiento y morosidad, para que administren bien sus patrimonios.

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