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Entrevista Klaus Schmidt-Hebbel: «“Estamos en una recesión que ha durado más de seis meses”

KLAUS SCHMIDT-HEBBEL
CENTRO DE INVESTIGACIÓN EMPRESA Y SOCIEDAD (CIES), U. DEL DESARROLLO
Fuente: La Segunda
Miércoles 14 de octubre

En varias ocasiones las opiniones de Klaus Schmidt-Hebbel (Santiago, 1955) han generado controversia. En el verano, por ejemplo, defendió el pago de contribuciones (“soy adulto mayor y creo que no corresponde dejar de pagarlas”); también ha sido particularmente crítico con la gestión del expresidente Gabriel Boric (“el crecimiento de este año será muy mediocre por su herencia”), al tiempo que ha defendido la megarreforma impulsada por el ministro de Hacienda Jorge Quiroz.

“Yo estudié en profundidad y con comparaciones internacionales, los modelos, los parámetros y las simulaciones sobre el efecto en el crecimiento y el impacto fiscal, y me cercioré que los antecedentes que usó el Ministerio de Hacienda estaban bien fundamentados”, sostiene.

Este reconocido economista, consultor, investigador y académico del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la U. del Desarrollo es un observador atento de la realidad macroeconómica del país y tiene una evaluación clara, aunque no necesariamente pesimista. “No hay dos opiniones: este año es mucho peor de lo que se anticipó en el último presupuesto del Gobierno anterior. Las cifras indican que estamos en una recesión que ya ha durado más de seis meses, pero que es leve o moderada”, afirma.

“Hay varias razones. Una de ellas es el bajo crecimiento tendencial que ha llevado la economía chilena por un largo período, entre un 1,5 a 2,5% anual, lo que la hace muy vulnerable a cualquier tropiezo nacional o internacional y eso nos lleva a cifras en rojo por dos trimestres consecutivos”, agrega.

—¿Por qué considera que es una recesión leve?

—Porque no se compara con la que tuvimos producto del covid o de la crisis subprime de 2008. Esta es una recesión que tiene dos dimensiones. El bajo crecimiento tendencial es en gran proporción por las medidas de distinta índole de la administración de Gabriel Boric y de gobiernos previos también. A eso se han agregado varios shocks adversos de oferta. Eso significa que se reduce la oferta de bienes y servicios y aumenta los costos de producción, y por lo tanto, los precios para los consumidores. Uno de esos shocks tiene nombre y apellido: Donald Trump, debido a la guerra que le declaró a Irán y que elevó los precios del petróleo a más de 100 dólares el barril.

El segundo impacto es “El Niño”, por las inundaciones que provocó en varias regiones del país con destrucciones que se estiman en US$500 millones en infraestructura, vivienda y el sector agrícola. Otro elemento muy importante es que algunas grandes mineras han reducido su producción porque se han encontrado con vetas de más baja ley. Eso puede implicar una caída del crecimiento este año en un 0,7% aproximadamente y de algunas décimas también en 2027.

“La situación del empleo es compleja”

—La caída en el crecimiento ha impactado muy fuertemente en el desempleo, que en su última medición se situó en 9,5%

—Efectivamente y a eso se agrega algo más: cuando sube el desempleo, no es solamente consecuencia de los impactos adversos de oferta, sino también por un encarecimiento brutal en el costo de la contratación de la mano de obra por medidas como las 40 horas, el aumento del salario mínimo y la reforma previsional, que elevaron el gasto en contratación en 6 o 7 puntos porcentuales de todo lo que ya pagaba el empleador. Todo eso inhibe el empleo formal, incrementa la informalidad y también la desocupación.

Si a ello agregamos la irrupción de la inteligencia artificial (IA) que reemplaza puestos de trabajo, la situación del empleo se torna muy compleja.

—Usted mencionó como uno de los impactos negativos el aumento del salario mínimo, que actualmente está en torno a los 550 mil pesos. Pero cabe preguntarse, ¿qué familia vive hoy con ese monto?

—Es muy difícil vivir con esa cantidad, a no ser que uno sea soltero y no tenga una familia dependiente. Pero hay que tener clarísimo que cuando uno sube el salario mínimo en términos porcentuales eso tiene dos caras. Una, es la dimensión social, cuando una familia chica vive un poquito menos apretada, pero esto solo si es capaz de conservar su empleo. Pero hay que tener en consideración que a las pymes y empresas medianas les subió su costo de contratación en cerca de un 40%. Allí o cierran sus puertas o si tenían dos trabajadores conservan solo a uno.

—Pero si esa pyme no es capaz de pagar un salario mínimo quiere decir que no genera la suficiente rentabilidad.

—Una medida que tiene la OCDE o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es muy simple: se divide el salario mínimo por el salario promedio del país. Nuestro salario promedio está en torno a 850 mil en el sector formal. Con esa directriz, Chile tiene hoy un salario promedio relativamente alto, y mientras más elevado es, menos se fomenta el empleo. Entonces, siempre vamos a tener un conflicto entre el beneficio de subir el salario mínimo y la desventaja de crear más desocupación.

—Pero se supone que la economía y el crecimiento tienen que estar al servicio del bienestar de la población. ¿Por qué tiene que haber una contradicción con los beneficios sociales?

—Eso no existe en la historia de la humanidad. Todas las sociedades que han crecido mucho han asegurado beneficios sociales a los sectores más vulnerables. Mayor crecimiento en el corto o en el largo plazo se transforma en más empleo y en mejores sueldos. Tuvimos esa situación en los 30 años tan vilipendiados por el Frente Amplio y el Partido Comunista.

El exministro Nicolás Eyzaguirre tiene un paper escrito con Osvaldo Larrañaga hace muchos años, cuando eran consultores de la Cepal, donde dicen que entre el 80 y el 90% de las mejoras sociales se deben al crecimiento y menos de un 20% a los beneficios del Gobierno. Yo cito siempre ese documento en las presentaciones que hago para que no quede en el olvido.

—Usted mencionó entre los factores negativos el aumento de las pensiones, aunque fue consensuada transversalmente.

—Yo apoyé la reforma de pensiones porque consideré que los efectos negativos sobre el empleo formal más que se compensaban por sobre los positivos, especialmente porque el aumento en la tasa de cotización asegura a largo plazo pensiones un 60% mayores que las que habría en ausencia de esta reforma.

—Y la reforma fue impulsada porque las pensiones que percibía buena parte de la población eran muy bajas.

—Eso no es verdad en general. Una persona que imponía un solo mes y ganaba 380 mil aportaba a su cuenta de AFP 38 mil pesos. Y si salió del mercado laboral formal y nunca más impuso terminaba recibiendo una fracción de esa cantidad distribuida en 30 años. Todas las personas que han impuesto durante 30 años en forma regular reciben una buena pensión, porque la tasa de retorno que consiguieron las AFP para sus afiliados es muy positiva si ha tenido una historia larga de contribuciones.

Pero como hay mucha informalidad y bastantes lagunas previsionales, porque hay gente que en distintos períodos no han tenido trabajo formal, hay bajas pensiones. Hay de todo en ese mundo, personas con pensiones de 232 mil pesos, de 230 mil pesos y otras de 1,8 millones de pesos.

—Pero yo conozco muchos casos de personas que recibiendo un salario superior al mínimo y que han impuesto durante 30 años o más, sin lagunas previsionales, perciben una pensión que no llega ni a un tercio de lo que ganaban cuando estaban activos.

—La explicación técnica y por eso aplaudí esta última reforma que se hizo, es que el 10% de contribución obligatoria era muy bajo. Distintos gobiernos promovieron subir ese aporte y eso hubiese salvado a muchas personas de tener pensiones bajas o medianas. Pero eso no se aprobó antes porque parlamentarios de izquierda consideraban que ello era una legitimización de las AFP. Y eso finalmente lo hizo Boric.

“El plan de empleo tendrá efectos”

—El mes pasado el Presidente José Antonio Kast lanzó un plan de subsidio al empleo para crear unos 100 mil puestos de trabajo entre este y el próximo año, con un aporte de unos 1.350 millones de dólares. ¿Usted está de acuerdo con este tipo de medidas que se consideran “intermedias” hasta que empiecen a surtir efecto los supuestos beneficios de la megarreforma que impulsó el ministro Quiroz?

—Sí, absolutamente. Esto va a tener efectos sobre el empleo sin ninguna duda. Los resultados de mediano plazo que tiene la megarreforma se van empezar a sentir especialmente a partir del próximo año, aunque muy gradualmente, porque la inversión demora mucho tiempo en iniciarse en Chile. La OCDE hace tres años despachó un informe donde compara las trabas a la inversión en permisología entre sus 38 miembros. Y el país con los plazos más largos y engorrosos que impedía la inversión privada era Chile, por la existencia de trabas a la infraestructura, laborales, medioambientales y patrimonio cultural, por mencionar algunas.

Toda esa regulación no es mala, pero en manos de funcionarios que lo único que hacen es parar y ejecutar lentamente las evaluaciones y devolverlas de un escritorio a otro, derivan en que las autorizaciones tarden seis, ocho e incluso hasta 20 años. Este proceso requiere de una reforma que no ha sido aún acometida por el Gobierno: la existencia del comité de ministros que yo habría eliminado ayer.

—¿Por qué razón?

—Porque independientemente del Gobierno de turno, tener un comité de ministros que, en forma discrecional y arbitraria, después de que se ha pasado por todas las tramitaciones, puede parar un proyecto es impresentable y tiene costo enorme para la empresa que ha invertido y también para el país en términos económicos y sociales.

—Usted mencionó que uno de los impactos sobre el empleo es la irrupción de la IA. La «IV Conferencia Exponencial» que ustedes en la U. del Desarrollo realizarán esta semana en Concepción y Santiago, estará dedicada precisamente a ese tema que ha estado muy contingente por planteamientos que han hecho las propias empresas de ese ámbito.

—«Exponencial» es una invitación gratuita para todos quienes que quieran asistir y dedicar un día a aprender de un determinado tema. Este año efectivamente es sobre la IA y trata de responder a todas las preguntas que tenemos los ciudadanos sobre cómo vienen los cambios que se van a provocar en empleo, educación, salud, ciberseguridad o en el desplazamiento de trabajadores por robots, entre otras cosas. Van a participar 10 expositores internacionales y chilenos que son especialistas en esos temas, pero abordándolo todo en un lenguaje simple y llano. Es un día de fiesta, de conocimiento para todos y las inscripciones son en exponencial.udd.cl

—Hay beneficios y resquemores en el uso de la IA.

—Las opiniones se dividen como en todo el mundo, entre quienes piensan que es una panacea que traerá una mejor calidad de vida y entre quienes dicen que este es el fin de la humanidad. Y precisamente para responder a esas interrogantes se van a escuchar distintas voces que, de forma fundada, van a dar los elementos para juzgar. Por eso la conferencia de este año se llama “La Inteligencia Artificial y el futuro de la Humanidad”.