Emprendimiento innovador

Por Hernán Cheyre (@hernancheyre)

Corea del Sur es uno de los casos de desarrollo económico más exitosos de la segunda mitad del siglo XX. Luego de una devastadora guerra con su par del norte que dejó a ambos países sumidos en la pobreza, Corea del Sur inició un proceso de reconstrucción y desarrollo en los años 60 que le permitió prácticamente triplicar su nivel de PIB en cada una de las tres décadas siguientes. El eje de su estrategia fue la construcción de una economía de mercado fuertemente orientada hacia las exportaciones. Y si bien en la década de los 70 el Estado dio especial apoyo a seis sectores específicos, a través de créditos subsidiados, el elevado costo que esto significó motivó un cambio de enfoque hacia un esquema de mayor neutralidad sectorial, liberalizando el comercio y la industria financiera.

Actualmente, la economía surcoreana exhibe una gran fortaleza en la producción industrial de una amplia variedad de productos, con marcas mundialmente conocidas (Samsung, Hyundai, Kia, LG, Daewoo, entre otras), y su crecimiento económico sigue siendo significativo (promediando 3,5% anual desde 2010). No obstante, se observa un debilitamiento en los últimos años, y la pregunta natural que surge es cómo revitalizar el dinamismo de la economía.

Tuve la oportunidad de visitar Seúl el mes pasado, con motivo del lanzamiento del informe anual del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) que patrocina la U. del Desarrollo. En las presentaciones acerca de la realidad coreana quedó en evidencia el viraje que está realizando el actual gobierno en la línea de fortalecer el emprendimiento, creando un entorno proclive al surgimiento de nuevas empresas con potencial de innovación. Este cambio de mirada nace del convencimiento de que la expansión de las exportaciones liderada por las principales corporaciones tiene un cierto límite, derivado de la gran oferta y fuerte competencia global existente en los sectores en los que Corea del Sur ya se ha posicionado, lo cual obliga a cambiar la mirada.

Chile enfrenta desafíos que en gran medida son similares a los que hoy enfrenta este país asiático, y en ese sentido ya hemos dado pasos importantes en la creación de un entorno favorable para el emprendimiento, no obstante lo mucho que falta mucho por avanzar. Pero a diferencia nuestra, Corea del Sur cuenta con ventajas de las que carecemos: una población que posee un muy buen nivel de educación, una fuerza de trabajo con flexibilidad para adaptarse a nuevas condiciones, y un mayor compromiso con las actividades de I+D (4,2% del PIB, versus 0,37% en Chile), de las cuales el 75% son realizadas por el sector productivo, en comparación con un 33% en Chile. La incorporación más decidida del mundo de las empresas a las actividades de I+D, junto con cambios en el modelo educativo, son importantes retos pendientes de Chile ante el desafío que impone la nueva revolución industrial en marcha.

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