El Mercurio | Lunes 16 de febrero, 2026
La economía ha perdido ritmo en su capacidad de crear nuevos puestos de trabajo, y la búsqueda de empleo se ha vuelto más compleja para los desocupados. Este escenario se refleja en la persistencia de más de 30 meses con tasas de desempleo sobre 8%, pero también en los indicadores complementarios del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) que caracterizan a los casi 830.000 desocupados registrados al último trimestre del año pasado.
Entre esos datos se puede constatar que, dentro del total de desocupados mayores de 18 años, un 34,9% —en promedio— lleva más de seis meses buscando un trabajo, un 12,6% ha esperado más de un año y más del 53% tarda por lo menos tres meses. Estas proporciones dan cuenta de un deterioro progresivo del indicador, que al último trimestre de 2022 mostraba que menos de la mitad (46,5%) de los desocupados tardaban tres meses en encontrar un nuevo trabajo.
De esta manera, sin contar las variaciones observadas durante el período de pandemia, los tiempos absolutos registrados al cierre de 2025 se ubican entre los más altos de los años recientes (ver infografía) y dan cuenta de un avance progresivo del indicador desde el inicio de este gobierno. En 2023 llegó a promedios mínimos de 5,5 meses de búsqueda (para ambos sexos), pero avanzó lentamente hasta los 6,9 meses en la actualidad.
De acuerdo a la economista Daniela Leitch, investigadora del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad (CIES) de la UDD, que elabora el análisis junto con la Asociación de AFP, las causas están estrechamente relacionadas con el deterioro del mercado laboral de los años recientes. “Naturalmente, un menor ritmo de creación de empleo se asocia a una mayor dificultad de encontrar vacantes para quienes buscan trabajar (…). Los tiempos de búsqueda han mostrado aumentos sostenidos desde 2022, especialmente en mujeres, algo que se condice con la desaceleración del mercado laboral que se ha visto en este tiempo”.
El tiempo promedio actual para ambos sexos, de 6,9 meses, es el más alto desde el primer trimestre de 2022 cuando igualmente se ubicaba en 6,9 meses, pero también demuestra una marcada persistencia desde agosto de 2024: desde entonces, la media no ha bajado de los seis meses de búsqueda.
De acuerdo a Leitch, ese comportamiento también responde a un mercado laboral que se ha estrechado conforme a menores niveles de crecimiento e inversión, debido a que la creación de nuevas plazas laborales se debilitó, “especialmente para segmentos de personas jóvenes con menos experiencia laboral en donde incluso tener estudios superiores no necesariamente garantiza encontrar un trabajo más rápido. También hay poca generación para aquellos trabajadores con menos nivel de capacitación. Son precisamente estas personas las que vemos que hoy sufren más con el desempleo”.
El cierre del 2025 mostró resultados negativos para el desempleo femenino, que se ha instalado sobre el 8% y promedió una tasa de 9,1% durante toda la administración del gobierno actual, versus un 8% en el caso de los hombres. La tendencia en desmedro de las trabajadoras se mantiene al observar el indicador sobre tiempos de búsqueda, que en su caso promedia 7,2 meses al cierre de 2025, versus 6,7 en el caso de los hombres.
Leitch sostiene que este indicador suma un nuevo antecedente que da cuenta de los problemas estructurales que están mostrando las mujeres para su inserción laboral. “Una hipótesis posible es que muchas mujeres salen a buscar empleo en momentos específicos, luego de un tiempo sin haber trabajado. Las mujeres participan menos en general del mercado laboral, es decir, tienden a salir a buscar trabajo en menor medida que los hombres, ya sea por maternidad u otro factor. Esto hace que, en el momento en el que ellas deciden salir, ya sea por alguna necesidad familiar o por ganas, les sea más complicado encontrar por falta de experiencia o por haber estado fuera del mercado laboral”, explica.
Añade que cuando las ofertas de nuevos empleos en general tienden a debilitarse, atributos como la experiencia pasan a ser más valorados, exacerbando la brecha de género de base que se presenta en el mercado laboral. En este sentido, ve que también hay tendencias vinculadas con la distribución del empleo por sectores, dado que “las mujeres se profesionalizan menos en ciertas áreas tradicionalmente consideradas como ‘de hombres’, como las conocidas STEM, y precisamente en algunas de estas áreas es donde se está concentrando parte de la poca demanda laboral que hay, como las relacionadas a información, tecnología o minería”.
Los datos son consistentes con otros indicadores que dan cuenta del deterioro de las condiciones laborales para quienes buscan emplearse. Las personas trabajando a jornada parcial (30 horas o menos a la semana) se mantienen en máximos históricos sobre los 1,9 millones de trabajadores y aumentaron un 3,6% en un año.
El dato no es necesariamente positivo, considerando que la proporción de este grupo que busca trabajar más horas (TPI, tasa de tiempo parcial involuntario) alcanza a un 33,9% en el caso de los hombres, quienes registraron un incremento de 5% en un año. En el caso de las mujeres, la tasa es de 29,6% y el incremento interanual equivale a 2,2 puntos.
De acuerdo a José Acuña, economista e investigador del Observatorio del Contexto Económico (Ocec) de la UDP, puede haber una relación entre los tiempos de búsqueda y este indicador, que da cuenta de las dificultades para insertarse en un empleo formal. “Un mercado laboral debilitado (…), lleva a que los trabajadores muchas veces tengan que optar por este tipo de empleos que como bien señala el nombre, son empleos involuntarios. Es decir que, de haber las oportunidades, estas personas podrían desplegar su capacidad productiva durante una mayor cantidad de horas”.
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