La economía chilena está atravesando un prolongado período de estancamiento laboral, pero la elevada tasa de desempleo no es el único signo de deterioro. Otra dimensión donde se expresa esta debilidad es el llamado
‘subempleo’: aquellos trabajadores que no logran conseguir un puesto a tiempo completo, pese a estar disponibles para trabajar más horas.
Este grupo, que corresponde a todos aquellos que ‘involuntariamente’ trabajan 30 horas semanales o menos, está compuesto por poco más de 600 mil personas, de las cuales un 54,4% son mujeres, según la información disponible hasta el primer trimestre. Aunque el total absoluto de ocupados en esta condición crece junto con la fuerza de trabajo, lo preocupante es su aumento acumulado de 45,4% desde 2022 en adelante, con una expansión de 16% solo durante el año pasado, según el análisis del ‘Barómetro Laboral y Previsional’ que elaboran en CIES-UDD junto con la Asociación de AFP.
De acuerdo con Daniela Leitch, docente investigadora del centro de investigación, este fenómeno es claramente una expresión de la estrechez que está presentando el mercado laboral. «Cuando no se generan suficientes empleos con la cantidad de horas deseadas la gente termina aceptando trabajos con menos horas, y eso da cuenta de la dificultad de generar no solo empleos, sino que también horas de trabajo», sostiene.
Desde el punto de vista de los expertos en general, la principal causa detrás de este fenómeno es la misma que genera los elevados niveles de desocupación: una economía débil que no tiene capacidad suficiente para absorber a demanda por trabajo de quienes ingresan al mercado laboral.
Rodrigo Montero, decano de la Facultad de Administración y Negocios de la U. Autónoma, valida esta hipótesis, aunque también cree que el ‘subempleo’ puede estar parcialmente explicado por los recientes cambios legales que han aumentado el costo de contratación, como la reducción de jornada laboral a 40 horas semanales: «Las empresas están reajustando sus necesidades de dotación de mano de obra, integrando un mayor porcentaje de empleos de media jornada en comparación con los que demandaban antes de la entrada en vigencia de esta normativa».
También hay otros factores que pueden explicar esta realidad, y que no tienen que ver con el desempeño de la economía ni las planillas de los empleadores.
En promedio, según el informe, los ‘subempleados’ trabajan unas 17,4 horas semanales, y están ‘disponibles’ para aumentar esa jornada en 20,6 horas más, aunque las mujeres tienen una expectativa ligeramente inferior, que completaría una jornada semanal de hasta 36 horas.
Ricardo Ruiz de Viñaspre, director de la carrera de Ingeniería Comercial en la U. Finis Terrae, sostiene que esta es una de las causas que explican por qué el tiempo parcial involuntario es más común en mujeres que en hombres. «Estadísticamente, están más relacionadas con labores de cuidado, por ejemplo, de niños. Entonces, pueden estar demandando tipos de jornadas de trabajo que tengan una menor duración», argumenta.
Otra causa posible, agrega Leitch, «puede ser el tiempo que las mujeres pasan fuera del mercado laboral, lo cual dificulta la reinserción».
Típicamente, al hablar de empleos a tiempo parcial involuntario, los datos reflejan ocupaciones en sectores como ventas, comercio o servicios, que concentran en torno al 40% de los trabajadores en esta condición.
Se trata de sectores que además están mayormente expuestos al empleo informal. Sin embargo, otro factor de preocupación en los datos es que la proporción de trabajadores que sí cuentan con protección social, pero a tiempo parcial involuntario, ha ido aumentando. La brecha entre ambos se ha ido cerrando, y la proporción de ‘formales parciales’ dentro del total aumentó desde 24,9% a mediados de 2024, hasta 34% a principios de este año.
Al igual que en las cifras absolutas, esta expansión se concentró mayormente desde la segunda mitad de 2025 en adelante. «Más allá del número de empleos formales que se creen, una parte de ellos no alcanza a tener la cantidad de horas que los trabajadores requieren», advierte Leitch.
Montero tiene otra mirada. Aunque el carácter ‘involuntario’ de las jornadas parciales son un síntoma de fragilidad en el mercado laboral, destaca que sí pueden ser una opción válida para quienes requieren de flexibilidad: «Los empleos a tiempo parcial tienen la ventaja de permitir, en principio, que las personas concilien de mejor manera la vida laboral con la familiar (…), puede ser particularmente atractivo para las mujeres o para quienes tienen personas a su cuidado».
Sobre la incidencia del nivel educacional, aquellos que solc cuentan con educación básica v media son los más propensos a caer involuntariamente en empleos a tiempo parcial: representan un 8,7% y un 7% de todos los ocupados de su categoría, respectivamente.
