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Hernán Cheyre: “Aumentar el 4% para agregar un componente de solidaridad, es una línea roja que el gobierno no debe sobrepasar”

El Líbero / Domingo 21 de julio

El economista y ex vicepresidente de Corfo opina sobre los pasos que se han dado para avanzar en la reforma previsional. Aunque no cuestiona que el gobierno haga concesiones para avanzar en sus políticas, «eso es parte del funcionamiento del sistema democrático”, advierte que se debe mantener firme en sus principios fundamentales. “Si se quiere avanzar en lo que algunos llaman solidaridad entregando transferencias de recursos entre generaciones, eso tendría un germen negativo”.

Esta semana la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados aprobó la creación del Consejo Administrador de los Seguros Sociales (CASS), con votos a favor de diputados opositores del Partido Socialista y la Democracia Cristiana. Así, el gobierno logró un punto a favor en la reforma de pensiones, una de las iniciativas emblemáticas del Presidente Sebastián Piñera.

Hernán Cheyre, director del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo (UDD) y ex vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Fomento de la Producción de Chile (Corfo) reflexiona sobre las implicaciones que tiene este nuevo ente, al que define como un “un sistema de AFP paralelo”. El economista lamenta que no se haya incorporado más a los trabajadores en la toma de decisiones y apunta que el debate no se ha centrado en el fondo del problema que es cómo mejorar las pensiones. “Simplemente ha sido una discusión sobre cómo administrar la cotización adicional que se va a introducir”. Advierte que si bien las negociaciones son propias de la democracia, el Gobierno no debe ceder en sus principios fundamentales.

Durante su paso por Corfo, en el primer gobierno de Piñera, lanzó el programa StartUp Chile, que permitió posicionar el país como un polo de emprendimiento. Con lo cual, señala, que es infundado decir que la economía esté mal y propone centrarse en su tasa de crecimiento potencial. “La innovación no tiene que ser percibida como una opción, es una necesidad para poder subsistir. La política industrial más potente que puede implementar Chile es fortalecer la calidad de la educación”.

-Esta semana se avanzó en la tramitación de la reforma a las pensiones. ¿Considera que se están dando las medidas adecuadas para constituir el ente público que administrará el 4% adicional en las cotizaciones?
Hay que aclarar que esta discusión respecto del ente, que finalmente va a ser un Consejo Administrador de los Seguros Sociales (CASS), no apunta al fondo del problema, que es cómo mejorar las pensiones. Simplemente ha sido una discusión sobre cómo administrar la cotización adicional que se va a introducir, que es el insumo fundamental para que las pensiones en el largo plazo puedan ser más altas. Me sorprendió que esta ha sido una discusión absolutamente política. No hay ninguna razón técnica para que, habiéndose decidido mantener cuentas individuales de capitalización, no tiene ninguna justificación que eso no lo hagan las AFP. Las AFP no son las culpables de que las pensiones sean bajas. En toda la gestión de inversiones, las AFP han tenido un comportamiento impecable. No se ha perdido un solo peso durante todo el período en que ha funcionado el sistema privado de pensiones en Chile. Por lo tanto, es muy injusto y de alguna manera miope, centrar que el problema de las bajas pensiones radica en las AFP. Radica en que la tasa de cotización ha sido más baja, tal vez, de lo que se requeriría en función de la expectativa de vida de la población, etc, etc. Pensar que el problema se va a resolver únicamente si vamos a tener una entidad pública por las AFP creo que eso no es el fondo del problema. La discusión ha tenido un foco equivocado.

-¿Qué opina del funcionamiento del nuevo Consejo Administrador de Seguros Sociales?
La creación de CASS está siendo organizado como un subsistema paralelo, esto es exactamente igual a un sistema de AFP paralelo, que va a haber entidades privadas que van a gestionar las inversiones, que van a cobrar por eso. O sea, van a poder hacer cosas muy parecidas a las que hoy día hacen en las AFP; pero no va a ser AFP, sino que van a ser entidades que van a tener otro nombre y que solamente se van a preocupar de gestionar las inversiones, porque todo el resto de las labores, la van a seguir haciendo las AFP. Se está forzando un subsistema paralelo que va a tener más costos, pero que al final del día es bastante parecido. Pero bueno, esa fue la decisión política y en esa lógica se avanzó.

-¿Qué haría usted con el 4%? ¿Cómo trabajador, si pudiera elegir, a dónde iría su dinero de las cotizaciones?
El gran problema que veo acá es que en toda esta discusión, y en todas las proposiciones que se están haciendo, se deja afuera al principal actor. Se habla del rol del Estado, del papel que tienen los reguladores, del papel que van a tener las AFP, las agencias que se van a crear con este propósito en un sistema nuevo, pero el actor más importante, que es el trabajador, está quedando un poco en un segundo plano. Esa persona debería decidir qué hacer con su 10% y con su 4% y aquí le están diciendo: «el 10% lo mueve en el ámbito de las AFP y el 4% lo va a mover en el ámbito de este Consejo Administrador de Seguros Sociales». Son dos sistemas paralelos para hacer lo mismo. Yo no le veo mucho sentido desde el punto de vista de los costos. Si hay una mayoría política que quiere que el sector público tenga alguna participación, que se organice como una AFP estatal directamente, y que las personas elijan si quieren tener el 14% en la AFP estatal o en la AFP privada. Aquí se han armado dos compartimientos: el 10 y el 4, que tienen sus propias leyes de movilidad, pero que no habrá movilidad entre ambas. Lo lógico sería que la hubiera y para eso la entidad pública debiera organizarse como una AFP estatal. Eso lo he echado de menos.

“Lo segundo es que no se ha puesto suficiente hincapié en que esto tiene mayores costos que, en función de lo que se aprobó, va a ser financiado por el fisco. Ese costo no existe en el sistema actual. Además, los afiliados sí van a pagar comisión. En términos simples, el 4% adicional que las personas van a destinar para la cotización no todo va a ir a pensiones porque una parte se va a descontar como comisión, y ese porcentaje obviamente tiene un efecto en la pensión futura. Va a repercutir en una menor pensión relativa, comparada a lo que hubieran obtenido si van al sistema de AFP porque van a tener que descontar una parte para pagar la comisión, que se descuenta sobre el saldo, no sobre el sueldo. Ese tema no ha salido mucho, pero al haberlo organizado de esta manera, tiene un costo para la sociedad, que tiene que financiar un sistema nuevo, y tiene un costo para los trabajadores, porque eso va a repercutir en que no todo el 4% va a ir a las pensiones”.

-¿Es correcto que el gobierno siga cediendo en sus reformas para lograr que avancen en el Congreso?
Es parte de la naturaleza de una negociación parlamentaria que el proyecto que entra es distinto al proyecto que sale, porque hay que hacer concesiones políticas, porque surgen ideas que enriquecen los proyectos y eso es parte del funcionamiento del sistema democrático. No veo problema en eso. Sí creo que el Gobierno tiene que tener cuidado en no ceder en lo que significan los principios fundamentales. Creo que no había ninguna razón técnica para armar todo este subsistema, pero habiendo tomado ya esa decisión, la fórmula protege bien los recursos de los trabajadores. Creo que no era la mejor solución, pero se avanzó en esa línea. En lo que el gobierno no debe ceder es en aquella parte que todavía está pendiente, porque algunos están proponiendo que la cotización adicional no sea 4%, sino más, para agregar un componente de solidaridad. Esa es una línea roja en la que hay que poner mucho cuidado de no sobrepasar. Hay beneficios que se podrían considerar, y que operen bajo la lógica de un seguro. Por ejemplo, el seguro de dependencia severa, pero si se quiere avanzar en lo que algunos llaman solidaridad entregando transferencias de recursos entre generaciones, bajo la lógica del sistema de reparto tradicional, creo que eso tendría un germen negativo, muy complejo, y creo que esa línea el gobierno no la tiene que cruzar.

-Se ha instalado la percepción de que la economía chilena está mal con el crecimiento de este año se calcula en 2,8%, ¿cómo ve ese escenario?
Me sorprenden las encuestas de expectativas, que perciben un clima económico poco favorable. Aunque el crecimiento de la economía este año va a ser inferior al inicialmente proyectado por el Banco Central que estaba en torno a 3,5% y, probablemente, va a terminar cerca de 2,8%, pese a esa disminución las cifras siguen siendo muy superiores a las que hubo en 2017. Se ha hecho una sobre expectativa respecto de lo que se podía lograr luego del cambio de gobierno, pero objetivamente el cambio ha sido positivo. En el período 2014-2017 la economía creció en promedio 1,8%. Si comparamos el año pasado que fue 4% y este que va a ser cerca de 3%, es un promedio de 3,5%, casi el doble. Esta es una cifra buena. En el período 2014-2017, la inversión cayó en forma consecutiva durante los cuatro años, y eso se está revirtiendo ahora. No todo lo que nos gustaría, pero ha sido bastante más. En ese contexto, este ambiente de tanto pesimismo, la verdad es que cuesta entenderlo.

-¿Cuáles son las expectativas para el futuro de la economía?
Los hechos van a mostrar que durante el segundo semestre la economía se va a recuperar más. Por ahora, el gobierno tiene que seguir haciendo lo que ha estado haciendo: mantener los principios fundamentales en las reformas que está implementando. Hacer mucho énfasis en las reformas de tipo administrativo, que no requieren un cambio legal, para agilizar permisos, eliminar barreras a la competencia, el impulso al programa de obras públicas, y así creo que las expectativas van a empezar a encaminarse. Lo que es un evento distinto, y está fuera de control, es lo que ocurra en la economía internacional. Básicamente, con la guerra comercial que sigue latente entre China y Estados Unidos; pero en general, no están las condiciones para decir que la economía está mal. Eso no es objetivo. Que nos gustaría que estuviera mejor, obvio. ¿Qué hubo expectativas de que iba a ser más alto? También es cierto, pero objetivamente uno no puede decir que la economía esté mal.

-Además de las expectativas elevadas, las reformas tributaria y previsional no se han podido llevar a cabo con la celeridad esperada…
La inversión ha crecido, pero no al ritmo que nos gustaría. Obviamente, estas reformas que están en el Congreso han introducido una dosis de incertidumbre. La reforma tributaria, en particular, la vuelta a un sistema de integración total implica mejores condiciones para las personas que quieran realizar nuevos proyectos. Contempla una depreciación acelerada y eso es un incentivo que está a la espera. Eventualmente, puede haber empresas que tengan proyectos y lo quieren hacer, pero quieren esperar a que el proyecto esté aprobado y aprovechar este beneficio, que ya está anunciado. Estas incertidumbres tributarias generan un compás de espera y eso también ralentiza la inversión. Mientras antes despejemos este panorama, mejor va a ser para el contexto en el cual se va a desarrollar la inversión.

-En una columna usted mencionaba las críticas por el agotamiento del modelo de desarrollo chileno. ¿Es sostenible mantener el cobre como principal producto de la economía?
La discusión se ha centrado mucho en la coyuntura. En si la economía va a crecer algunas décimas más o algunas décimas menos respecto de un valor que se tiene como referencia. Creo que eso elude el problema de fondo, que no es dos décimas más o dos décimas menos. El tema de fondo es si la economía está logrando mejorar o no su tasa de crecimiento potencial, que es el que nos permite mantener de forma estable la expansión durante el mediano y largo plazo. La preocupación tiene que ser esa y no las décimas, más o menos, en la coyuntura. La agenda del Ministerio de Economía están en la lógica de aumentar ese crecimiento potencial. Ese es el verdadero punto de referencia que nos va a permitir impulsar el desarrollo que como país anhelamos. ¿Chile tiene que diversificar su matriz productiva? Ahí están los que hablan de que el modelo se agotó y que estamos demasiado centrados en el cobre. Yo pienso que en el marco de la revolución industrial 4.0, que es la que está en curso, obviamente la matriz productiva se va a ir diversificando.

“La pregunta es si eso tenemos que ‘forzarlo’ desde alguna agencia estatal o tiene que ser el producto natural de la manera en que evoluciona la economía. Yo soy partidario de lo segundo. Generar un contexto que sea el adecuado para emprender. Para que exista innovación y mejore la productividad necesitamos un ambiente competitivo para que las empresas puedan desarrollar esas nuevas ideas y se vean empujadas a hacerlo por necesidad. La innovación no tiene que ser percibida como una opción, es una necesidad para poder subsistir. La política industrial más potente que puede implementar Chile es fortalecer la calidad de la educación, de la capacitación, de su fuerza laboral y la flexibilidad para poder ir reconvirtiéndose a los nuevos requerimientos que van surgiendo”.