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Columna Hernán Cheyre: Poner en marcha la economía

La Tercera / Lunes 11 de noviembre

Versión Prensa

La Agenda Social anunciada por el gobierno apunta a contribuir a la solución de algunos de los problemas más acuciantes para los chilenos de clases medias y bajas –pensiones, sueldos, salud-, y para su financiamiento se ha considerado girar recursos desde el Fondo de Estabilización, reasignar gastos, y adicionalmente se decidió reorientar la reforma tributaria. El proyecto que se discute dejó de ser uno centrado en la estructuración de un sistema más eficiente, y mutó hacia uno cuyo foco central es generar una recaudación adicional a través de nuevos gravámenes a los sectores de más altos ingresos.

No cabe duda de que la convulsión social que afecta al país amerita dar una mirada diferente a los problemas más urgentes, y hay herramientas para hacerlo, pero se debe tener mucho cuidado en no sacrificar la fuente primaria del progreso de la sociedad, que es el crecimiento económico.

Decir esto en las actuales circunstancias suena como algo a destiempo, y para algunos tal vez hasta desubicado. Pero no nos engañemos.

Es aquí donde radica la posibilidad de progreso, porque de ahí derivan mayores empleos, remuneraciones más altas y más recursos para financiar programas sociales.

De lo anterior surgen dos conclusiones fundamentales. Primero, ante un cuadro de virtual paralización de parte importante del aparato productivo nacional –consecuencia del contexto de inseguridad, incertidumbre y de violencia que prevalece-, urge poner en marcha la economía nuevamente. Esto es tan o más importante que la Agenda Social, porque si las pymes y los emprendedores siguen enfrentando problemas para operar, se van a ver dificultados de cumplir sus compromisos con terceros y de pagar los sueldos a sus trabajadores, generándose un círculo vicioso altamente desestabilizador. Los programas de ayuda que está implementando el gobierno para las empresas de menor tamaño constituyen un importante apoyo, pero sin un ambiente mínimo de tranquilidad y orden para funcionar, estos van a terminar siendo letra muerta.

Y segundo, es especialmente necesario generar condiciones y estímulos para la inversión.

En este sentido, la reforma tributaria que se está volviendo a discutir tiene el espacio para contribuir en esta dirección, a través de mecanismos específicos de estímulo a la inversión más potentes, que incluya a las empresas de mayor tamaño, como los que los propios senadores de oposición estuvieron dispuestos a considerad cuando se discutía la reintegración, en atención a la pérdida de competitividad que se está enfrentando por esta causa.

Si no se entregan señales más convincentes, el crecimiento potencial de la economía se va a resentir severamente, y lo que hoy día se está tratando de resolver con medidas de corto plazo, se va a manifestar con mayor fuerza en los próximos años, y de ese pantano sí que va a costar salir.